El museo Naval desempolva la flota

Por Gonzalo Jiménez Tapia

 

  • Está entre los 10 mejores museos navales del mundo
  • Desde su apertura en octubre han pasado por sus salas más de 400 personas al día

 

Escalera de entrada al Museo Naval de Madrid. G.J.T

 

Madrid no tendrá mar, pero sí tiene Museo Naval, ubicado entre los muros del Cuartel General de la Armada, en un palacio neoclásico frente a Cibeles. Una joya desconocida para muchos que ha vuelto a abrir sus puertas con una nueva imagen tras dos años de reformas.

 

El museo, afirma su director, el Vicealmirante Marcial Gamboa, “es una ventana para conocer la historia de la Armada” a través de sus piezas únicas y de un nuevo discurso que recupera los hitos olvidados de la historia naval española.

 

El proyecto ha rejuvenecido una exposición que parecía más un anticuario repleto de objetos que un museo. Anteriormente el discurso era algo confuso porque había demasiadas piezas expuestas ocupando sitios que no tenían que ocupar. Con la reforma ya no hay confusión, se han quitado 500 piezas y el nuevo espacio museístico es más diáfano, ordenado y luminoso. Pero la gran novedad en su modelo es que “las piezas están al servicio de la historia”, afirma el director del Museo. Este es el cambio esencial del nuevo Museo Naval, porque se trata de descubrir la historia de la navegación española y de la Armada a través de las piezas expuestas.

 

Dentro del proceso de renovación también había que adecuar los espacios del museo y adaptar los accesos a la ley de Accesibilidad Universal, tras una queja presentada al ministerio de Defensa por el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad. Por eso la entrada se ha cambiado al número tres del Paseo del Prado – junto a la antigua – para poder incorporar un ascensor, amplios espacios y baños adaptados. Además, se ha construido una nueva escalera de madera para subir al museo, que imita la quilla y las cuadernas de un barco en construcción. Como ha explicado la directora técnica del museo, Carmen López Calderón, “su diseño no tiene  ningún simbolismo”, y cree que “es más bonito ver las cubiertas” que el cascarón de una embarcación. Aunque, tal vez, puede ser un guiño hacia una historia naval que sigue construyéndose.

 

Inicio del antiguo recorrido del Museo Naval. Fundación Museo Naval

Inicio del nuevo recorrido cronológico. Museo Naval de Madrid.

 

El aspecto del museo se había deteriorado desde la última reforma de hace 20 años y ha sido necesario cambiar algunas ventanas, acuchillar y encerar el suelo, desentelar las paredes y pintar los techos. Había otro problema que afectaba directamente a la conservación de las piezas: un sistema de colgado de cuadros obsoleto y el desgaste de las antiguas vitrinas. En noviembre de 2019 se instaló el nuevo sistema de colgadores resistente a movimientos sísmicos, adaptable y fácil de manipular. También se han fabricado ocho vitrinas nuevas para exponer piezas como la carta de Juan de la Cosa y la nao Victoria, que comparten el espacio con las antiguas vitrinas para mantener ese carácter romántico reconocible del museo. No obstante, solo se han podido hacer 8 de las 15 vitrinas que estaban planificadas a causa de los problemas económicos derivados de la pandemia. 

 

En enero de 2020 solo quedaba cambiar las cartelas informativas y colocar las más de 3.000 piezas en el nuevo recorrido. Pero la Covid-19 lo complicó todo. El equipo técnico formado solo por seis personas tuvo que hacer trabajo telemático y “es mucho más difícil colocar las piezas desde casa”, asegura López. A pesar de todo, consiguieron terminarlo a tiempo para abrir en octubre. Aunque hay partes del proyecto que no se han hecho porque “con la Covid la fuente de ingresos se ha venido abajo”, explica el vicealmirante Gamboa. [Museo Naval navega de nuevo: https://www.youtube.com/watch?v=s-VanOPjN38]

 

La explicación está en su forma de financiación. El Museo Naval no recibe dotación económica de Patrimonio Nacional como otros museos estatales porque depende de las partidas del ministerio de Defensa. El 80% de los ingresos provienen de aportaciones voluntarias de los visitantes, de un mínimo de tres euros. El 20% restante lo financia la Fundación Museo Naval. Los más generosos son los extranjeros, que ya no nos visitan por la pandemia y aunque ha venido mucha gente tras la reapertura, los ingresos se han reducido a la mitad.

 

Viento en popa a toda vela…

 

Con este panorama tempestuoso, el Museo Naval volvía a navegaba para mostrar a sus visitantes una historia naval de ocho siglos llena de personajes ilustres, avances tecnológicos y científicos, expediciones y batallas navales.

 

El puerto de partida es una vitrina con varias maquetas de galeones que explican el esplendor de las marinas de Castilla y Aragón en la Edad Media. Seguir navegando por el museo implica hacer una parada en la “era de los descubrimientos” para ver una de las joyas del museo: el primer mapa en el que aparece el continente americano, realizado por Juan de la Cosa en el año 1500. En esta misma sala se encuentra la maqueta de la nao Santa María, que era propiedad de Juan de la Cosa y Colón utilizó como capitana de su armada. El modelo expuesto se realizó en 1892 para conmemorar el IV Centenario del Descubrimiento de América. Dos años después se construyó una réplica de tamaño real que llegó al puerto de Chicago para participar en la Exposición Universal de 1894.

En la misma sala y dos pasos más adelante, se encuentran los retratos de Magallanes y Elcano,   junto   al   óleo  de  Ferrer  Dalmau: Primus Circumdedisti me, y la maqueta de la nao Victoria, que se hizo en el 2018 para conmemorar los 500 años de la primera circunnavegación de la Tierra. Una celebración en la que participa la Universidad CEU San Pablo con la Cátedra Internacional CEU Elcano, para la difusión académica de la gesta española.

Modelo de la Nao Santa María. Museo Naval de Madrid 

 

Los vientos alisios desplazan al visitante al “Imperio donde nunca se pone el Sol”. Siglos XVI y XVII en los que Álvaro de Bazán luchaba en Lepanto para frenar a los otomanos, la Gran Armada se enfrentaba a los ingleses y España dominaba el comercio de la Carrera de Indias y el resto de las posesiones que iban de Filipinas a Madrid, parando por Nápoles, Flandes y Acapulco. Para defender este vasto imperio se utilizó un nuevo tipo de barco, el galeón: más grande, robusto y veloz, con modernos cañones que se pueden ver en estas salas junto a las maquetas del galeón Nuestra Señora de la Concepción y el magnífico modelo de galeón flamenco (1593), que es una pieza única en el mundo, porque no se conservan modelos de buques ni planos de construcción naval de la Edad Moderna, siendo éste un modelo fundamental para conocer cómo eran los navíos de la época.

 

Maqueta-exvoto de galeón flamenco, 1593. Museo Naval de Madrid

 

En la sala dedicada a la creación de la Real Armada en el siglo XVIII se puede ver el cuadro Mi bandera del famoso pintor de batallas Augusto Ferrer Dalmau, en el que retrata al granadero de Infantería de Marina Martín Álvarez, que protegió la bandera cuando el resto de los compañeros habían muerto en la batalla del Cabo de San Vicente frente a los ingleses. La obra sirve para explicar la fundación de la Real Compañía de Guardias Marinas, como parte del proyecto de creación de una Real Armada, origen de la actual.

Cuadro Mi Bandera de Augusto Ferrer Dalmau. Sala 5 Museo Naval de Madrid. G.J.T

 

Los estudios científicos y educativos que impulsaron marinos científicos como Jorge Juan hicieron del Siglo XVIII “la edad de oro de la construcción naval”, a la que se dedica un espacio monográfico en el museo. La mejora de las ciencias náuticas, en plena Ilustración, impulsó las grandes expediciones científicas como la de Malaspina, que contó con todos los avances científicos de la época, con aparejos de todo tipo, incluso pararrayos, que se exponen en las vitrinas del museo. Este apogeo naval acabaría tras la Guerra de la Convención, en las últimas décadas del siglo. 

 

El siglo XIX no fue mejor. La invasión de los franceses marcó el final de España como potencia marítima. En plena Revolución Industrial, la decadencia de los arsenales españoles ralentizó el uso de las nuevas tecnologías navales del vapor, las hélices, el blindaje y la artillería. Pero con grandes esfuerzos, a mediados de siglo se empezaron a construir nuevos buques de vapor como el Numancia, cuya maqueta podemos ver en el museo; igual que el primer prototipo de submarino de Isaac Peral o los “torpedos móviles”. Estos pequeños avances no evitaron que el siglo terminara con la pérdida de las últimas colonias del imperio en América y Filipinas.

 

Las salas finales están repletas de maquetas de destructores, cruceros, fragatas, portaviones y unidades aeronáuticas navales y anfibias. A esto se suman otras piezas que cuentan la evolución de la armada de los últimos cien años. Desde el desembarco de Alhucemas, en 1925, la construcción del submarino Isaac Peral tras la Primera Guerra Mundial, la lucha en la mar en la Guerra Civil y la evolución de la Armada durante el franquismo, con la guerra del Ifni y el apoyo norteamericano que incorporó buques más modernos como el portaviones “Dédalo”.

 

Advertencia: la visita no ha terminado con este recorrido cronológico por los seis periodos históricos. Pegada a la entrada del museo hay una sala monográfica dedicada a las misiones que está realizando actualmente la Armada como la operación Atalanta. [Folleto Museo Naval: https://armada.defensa.gob.es/archivo/museonaval/01visita/02quever/folletoes.pdf

 

Rumbo 2022

 

A pesar de las dificultades, la renovación del museo ha cumplido con las expectativas y los objetivos. Pero “no hemos terminado”, advierte López. En 2021 se quiere terminar de acondicionar la entrada y crear la sala de etnografía, que no se hizo por la reducción en el presupuesto. Esto es solo el principio, el museo está vivo, es dinámico y de aquí a dos años hay mucho por hacer.

 

A corto plazo, se van a cambiar cada tres meses las piezas de cartografía y libros, según lo indique el conservador jefe. También hay piezas que van a tener un espacio destacado por su relevancia y otras que estarán en las salas de forma temporal como piezas invitadas, provenientes de otros museos e instituciones como el Prado o la Casa Real.

 

Uno de los objetivos a medio plazo es añadir más cuadros de victorias a la exposición, que se van a ordenar a varios pintores, entre ellos Ferrer Dalmau. De nuevo, la falta de fondos lo convierte en un objetivo para 2022. También se está trabajando en una aplicación para que personas con deficiencias auditivas y visuales puedan interactuar con las piezas y seguir el recorrido. En paralelo, está en marcha la publicación, gratuita en versión digital, de una nueva edición revisada del libro Historia de la Armada, que ha preparado el Instituto de Historia y Cultura Naval en paralelo al nuevo discurso del museo. [Libro: https://cutt.ly/2jEdqMP]

 

APOYO

 

El tesoro del museo naval: sus maquetas de naves y arsenal

 

No existen clasificaciones oficiales de los mejores museos navales del mundo, pero el Museo Naval de Madrid se encuentra entre los diez mejores por el valor que tienen muchas de sus piezas para la historia de la humanidad.

 

Una de las colecciones que lo hacen único es la de maquetas y modelos de buques, que se remontan al siglo XVI y que ha ido creciendo desde 1853, por una Real Orden que obligaba a adjuntar al museo un modelo de cualquier buque que se construyese para la Armada. Los modelos de arsenal son excepcionales y “no los tiene ningún otro museo”, destaca el Almirante Juan Rodríguez Garat, director del Instituto de Historia y Cultura Naval.

 

Los arsenales eran maquetas o modelos de buques a escala que se utilizaban para buscar soluciones para mejorar la velocidad o el armamento. Eran una especie de prototipos de lo que luego se construiría en los astilleros. El Museo Naval cuenta con un espacio monográfico de arsenales que atestiguan la gran transformación que se produjo en la construcción naval durante todo el siglo XVIII.

 

Coincidiendo con el impulso que los Borbones estaban dando a la Armada, el Teniente General de la Real Armada, Antonio de Gaztañeda, formuló las primeras directrices para la construcción de navíos como el “San Felipe”, con un modelo que se utilizó hasta mediados de siglo. Además, Gaztañeda escribió en 1688 el Arte de fabricar reales.

 

Puestas las bases, el famoso marino ilustrado Jorge Juan, Jefe de Escuadra de la Real Amada, buscó el equilibrio para hacer navíos más económicos sin sacrificar posibles mejoras. Se inspiró en los modelos ingleses y su sistema estuvo vigente hasta 1770. El modelo de navío “Santísima Trinidad” que se expone en el museo, fue el mayor coloso de su época, con 130 cañones, al que Galdós apodó “Escorial de los mares”. Jorge Juan también se sirvió del modelo del francés Francisco Gaudier para introducir algunas mejoras adicionales.

 

Pero la cumbre de la construcción naval española del siglo XVIII vino de la mano del ingeniero General de la Real Armada, Romero Landa. En 1784, Carlos III le pidió que diseñara un buque de dos puentes con 72 cañones, que nunca antes se había hecho en España. El resultado fue el navío “San Ildefonso”, al que más tarde se sumaría el “Montañés”, que dieron unos resultados excelentes, siendo probablemente los mejores navíos del momento.

 

Modelo de arsenal: navío “San Ildefonso” (1785 – 1805). Museo Naval de Madrid.

 

Plano Temático del Nuevo Museo Naval de Madrid

 

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