El pasado 4 de octubre tuvo lugar en el Colegio Mayor San Pablo, el congreso «Verdades que cuentan» realizado por el Centro de Estudios Formación y Análisis Social CEU-CEFAS. Cuyo objetivo se centró en la reflexión acerca de la defensa de la verdad en distintos ámbitos como la comunicación, la política o la historia.

Uno de los académicos que participó en este encuentro fue Jorge Vilches, profesor titular de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la Universidad Complutense de Madrid. El profesor Vilches dejó un mensaje claro y a la vez muy preocupante, «la verdad es una construcción cultural», advirtiendo (no usar gerundios) de cómo la historia está siendo destruida y reconstruida para conseguir intercambiar la verdad por el mero relato. El debate acerca de la existencia de la verdad es un terreno de lo más complejo, sobre todo en el área comunicativa. No obstante, se trata de un buen punto de partida para profundizar en un concepto un tanto ambiguo y del que no se habla demasiado pero que a su vez es la clave del asunto: La Posmodernidad.

En busca de su significado y de su relevancia en el ámbito de la comunicación, distintos profesores de la Universidad CEU San Pablo dieron distintos puntos de vista con el fin de concienciar sobre la importancia de este fenómeno, causa profunda de esta crisis de la verdad.

En primer lugar, para indagar en esta reflexión es necesario entender con claridad en qué consiste la posmodernidad. José Francisco Serrano Oceja, Catedrático de Periodismo de la Universidad CEU San Pablo da la siguiente definición.

La posmodernidad es el periodo de la historia que viene después de la modernidad, por lo que se debe explicar qué es la modernidad para entender la posmodernidad. Para él la modernidad es el giro antropológico, es decir, el momento en el que se coloca al hombre en el centro de la historia y por ende como respuesta a la pregunta por el sentido. La posmodernidad consiste en el fin de los grandes relatos, lo importante ahora para la persona es la famosa frase de Carpe Diem.

Como consecuencia de la modernidad, se dan procesos como el emotivismo o el relativismo moral cuya forma utilitarista indica que es verdad aquello que permite conseguir aquello que uno quiere. Esta es la esencia de la posmodernidad: no existe una verdad fuera de uno mismo, no existe una verdad objetiva.

Este subjetivismo afecta todas las áreas de la naturaleza humana, incluido el lenguaje, pues las palabras y relatos con los que explicamos la realidad han ido cambiando. Fernando Nistal González, Director Ejecutivo del Centro de Estudios, Formación y Análisis Social (CEFAS) da una serie de claves para comprender cómo se ha dado esta transformación.

En los medios o la historia, a través del lenguaje se conforma el pensamiento. Desde las corrientes posmodernistas se ha empleado el lenguaje para una causa política, por eso se habla de minoría, victimas, gente perseguida o atacada, cuando de facto la realidad no muestra de manera tan fehaciente esa perspectiva. Por ello este posmodernismo tiene su origen en una corriente más progresista ya que desde la caída del muro de Berlín, la dialéctica marxista de empresario y obrero se rompió debido a la existencia de una clase media generalizada. Se trata de una constante que se repite, utilizar la técnica del enfrentamiento para que el oprimido se sume a la causa de la defensa de algo concreto.

En la actualidad se habla de la ideología woke, que mezcla la cultura de la cancelación y lo políticamente correcto. Se plantea una doctrina ideológica, política como una forma de vida en la que hay determinados temas de los que no se puede opinar si no es en un sentido determinado. Por eso se plantea como una doctrina, porque caer en el “pecado” de criticar alguno de sus postulados hace que de alguna manera la persona sea sacada del sistema, puesto que al no ser políticamente correcto se es cancelado a través de los medios, de las redes, etc.

Finalmente, Elena Cebrián Guinovart como profesora de comunicación expone si los medios, protagonistas la actual sociedad digital, han aumentado la manipulación de la realidad (la posverdad).

Los medios de comunicación están contribuyendo a incrementar el fenómeno de la posverdad añadiendo un elemento a esa crisis de la razón: el emotivismo. Es decir, por su propia naturaleza los medios de comunicación tienen que atraer la atención mediante una dimensión emocional y sensible en las narraciones y en los relatos que ofrecen.

Por ende, esa introducción de lo emocional en la cultura posmoderna aparte de exaltar el “yo”, se aleja de la posibilidad de valorar cualquier cosa que no tenga una carga emocional, puesto que se le da más importancia a aquello que conmueve. Además, cuando se valora esa realidad conmovedora, se hace desde la sensibilidad, es decir, la persona renuncia a una posibilidad de verdad objetiva independiente del resto.

En la actualidad este emotivismo influyente tremendamente a los más jóvenes. Los adolescentes son hijos de su tiempo y por norma general, tienen un ansia de verdad que se haya de forma natural en el corazón humano; están llamados a algo mucho mayor que el mero hecho de consumir. El problema es que el escenario social actual es relativo y está absolutamente mercantilizado. Todo ello construye un puzle muy difícil en el que en numerosas ocasiones esa búsqueda interior se amortigua porque el propio sistema contesta diciendo que lo que se busca no es lo que va a dar la verdadera felicidad.

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