En casi todos los grados universitarios las horas de cada asignatura se dividen en dos: la mitad son de teoría y la otra mitad de práctica. Es una regla estipulada en los planes de estudios europeos que es aplicable a casi todas las materias: los futuros biólogos buscan bacterias en el microscopio, los ingenieros conectan sus cables a placas, los químicos se ponen sus gafas para que no les salpique una mezcla explosiva… Todo el mundo espera que los futuros médicos vayan de vez en cuando a hospitales y laboratorios, que los futuros profesores vayan a un colegio un día a la semana; y en el caso de nuestra propia facultad, los futuros periodistas van a sus platós a probar los micrófonos y las cámaras. Pero… ¿y los historiadores? ¿Ellos cómo practican?  En realidad, ¡también tenemos derecho a tocar el arte y la historia! Lo que estudiamos nosotros no son conceptos abstractos: son obras y lugares que existen. El problema es que la forma de hacer realidad ‘nuestra práctica’ requiere desplazarse un poco, lo que en realidad lo hace mucho más especial. Antes de empezar aquí mis estudios, nunca pensé que fuera a poder hacer una “práctica” así con mis profesores y compañeros universitarios… Pero es que yo estudio en un grado muy poco solicitado en una universidad muy especial: Estudio Historia en el CEU.  

La Universidad CEU San Pablo cuenta con la iniciativa «Estudia Historia e Historia del Arte a través del Patrimonio Material e Inmaterial de las ciudades de España», que consiste en que los alumnos todos los cursos de Historia e Historia del Arte realicen un viaje con sus profesores especializados a ciudades españolas. En esta segunda edición hemos podido visitar los lugares más emblemáticos de la provincia de Burgos: un fin de semana para “hacer historia”. 

Dejamos atrás una Madrid bañada por el sol para hacer un viaje que parecía ser solamente de dos horas, pero en realidad era de 1000 años. El autobús viajó en el tiempo: de repente los fábricas habían desaparecido y estábamos surcando campos nevados salpicados por iglesias románicas. Sintiéndonos unos peregrinos del siglo XI, entramos en Santo Domingo de Silos: allí nos recibió un monje benedictino que nos explicó los relieves románicos de este monasterio mientras la nieve empezaba a teñir de blanco el claustro. Si de pronto alguien hubiera gritado ‘¡Corten!’ con una cámara en la mano, no me hubiera sorprendido, pues realmente parecía el plató de la más épica película hollywoodiense. Entonces proseguimos nuestra ruta y nos dirigimos a la Cartuja de Miraflores, un cofre de piedra que alberga un gran tesoro: su retablo mayor y el sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal (padres de Isabel la Católica). Pensé que me dislocaría el cuello de estar tanto tiempo intentando captar todos los detalles superiores del impresionante retablo de Gil de Siloé mientras escuchaba las explicaciones de nuestros profesores… ¡no podía parar de mirar! Por último, ese día terminamos en el monasterio de Santa María de las Huelgas, ya en el casco urbano de Burgos. 

El sábado nos despertamos con los tejados cargados de nieve, y  como no podía ser de otra manera, visitamos la Catedral de Burgos, una imponente construcción gótica llena de joyas artísticas en su interior: retablos de Bigarny, la tumba del Cid, su claustro, su cimborrio… Ese día también recorrimos el Museo de la Evolución, donde se encuentran los restos más interesantes hallados en el famoso yacimiento de Atapuerca; y el Museo Arqueológico de Burgos, en el que se pueden apreciar restos prehistóricos, romanos y todo tipo de obras de arte de la Edad Media y Moderna, incluyendo objetos tan singulares como la espada del Cid: la Tizona. En este lugar muchos alumnos hicieron exposiciones preparadas con antelación sobre objetos del museo escogidos a conciencia de todos los periodos históricos. 

El domingo teníamos planeado visitar el yacimiento prehistórico de Atapuerca, pero debido a la nieve (tan adecuada para ambientar lo medieval, pero tan mala para la arqueología), el propio yacimiento suspendió la visita. En su lugar visitamos Covarrubias y Lerma: dos villas ancladas en otro siglo, donde solo podrías notar el paso del tiempo en los coches aparcados en sus calles y los lejanos sonidos de la autopista. Porque el resto, podría ser igual que en la Edad Media o Moderna. Covarrubias fue la primera capital del reino de Castilla y allí pudimos ver el sepulcro del primer conde castellano. En Lerma conocimos de mano de un guía local los secretos de este entrañable pueblo, que había sido una de las ciudades más importantes bajo el mandato del valido de Felipe III en el siglo de Oro: el duque de Lerma. Ya al salir de Lerma, tuvimos que guardar nuestras capas de monjes peregrinos medievales y sacar la tarjeta del metro: de vuelta a Madrid. 

Este viaje ha sido una experiencia muy especial. En primer lugar, para una estudiante de 1º como yo, que conocen de apenas unos meses a sus compañeros, es muy interesante tener que  pasar tantas horas juntos de golpe: la relación entre todos se fortalece mucho . Y lo mismo pasa con nuestros profesores: no es lo mismo hablar con ellos entre las paredes de clase que recién levantados en un comedor de desayunos… Se aprende de ellos de una manera distinta que te aporta de otra manera. 

Pero además, la experiencia de poder ver lugares históricos con personas que sienten la misma admiración y entusiasmo que tú, que se quedan con la boca abierta… es una sensación muy reconfortante si no estás acostumbrado a esa suerte. Es algo imposible de experimentar con cualquier otro tipo de compañeros de viaje. Cuando estás admirando los detalles de un capitel románico, es maravilloso girarse y ver a otra persona observándolo con los ojos como platos. 

Han sido tres días muy especiales: de bolas de nieve y risas, de tapas y terrazas; de arte, de España… de conocer un poco mejor nuestro patrimonio histórico-artístico y a las personas que lo admiran como nosotros. 

¡Muchas gracias a los profesores María, Hipólito y Antonio que han organizado y nos han acompañado en este viaje!  

Texto: Elena Pastor Curiel 

Fotografías: Antonio Malalana Ureña 

Elena Pastor Curiel
Elena Pastor Curiel

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