¿Qué es el arte más allá de una representación visual de la realidad? ¿Qué es la escultura más allá de un diseño tridimensional? Hemos tenido la oportunidad de conversar con el escultor madrileño, Salvador Amaya, autor de grandes obras como la escultura a Isabel la Católica en Navalcarnero, el monumento al peregrino en Burgos o la escultura a Blas de Lezo en la plaza de Colón de Madrid.
En esta entrevista le preguntamos sobre su trayectoria como escultor, pero más allá de contarnos su experiencia, logró transmitirnos su profundo amor por el arte.
Salvador Amaya nos cuenta que la escultura monumental ha cambiado su percepción sobre la escultura como una forma de arte, debido al tamaño colosal de estas obras. Un ejemplo de este impacto es el que le causó el monumento De la Madre Patria en Stalingrado. Esta escultura generó en él un deseo de que sus obras pudieran llegar de una manera igual de masiva a la gente, de forma pública, “en las plazas y no en los museos”. Obras físicamente grandes, como la de los evangelistas del Valle de los Caídos, cambiaron así su percepción hacia el deseo de impresionar a la gente mediante la estatuaria pública monumental.
Para documentarse a la hora de representar su obras, suele tener un boceto previo ya fijado. Se documenta a base de distintas fuentes, que dependen del personaje o época que quiera representar. Obras de arte o imágenes de la antigua Roma son parte del repertorio de fuentes de inspiración que emplea para posteriormente mostrarnos su obra.
Lo mejor es documentarse con cuadros y escritos de la época, en vez de con registros actuales- nos decía Amaya- Es mejor buscar las fuentes originales en vez de informarse a base de otros artistas, que se documentan a su vez, ya que asi se pierden los detalles de la figura real que se quiere representar.
Para su próxima escultura sobre los Tercios españoles, Salvador Amaya se ha inspirado en los cuadros de Velázquez para analizar la indumentaria, lanzas y botas; además de colaborar con asesores para acceder a más información necesaria para hacer una obra lo más fiel posible.
De entre todas sus obras se le hace complicado elegir alguna como la más especial de ellas, ya que cada una tiene “su alma propia y su momento”. Como lo que vivió con su escultura a Blas de Lezo, que fue su paso a un público más especializado en la escultura militar, además de la histórica, y le dió pie a muchos proyectos como la escultura de Bernardo Gálvez, además de muchas otras de la legión española. Es evidente que esta obra significó mucho para él, pero de la misma manera, cada una de sus obras es especial.
Sin embargo, a parte de su trayectoria, quisimos averiguar su opinión sobre su rubro y en qué situación considera que se encuentra la escultura como forma de arte, a lo que nos contestó con decepción.
“En España no se valora el arte, en otros países sí, pero en España no” En Italia, Austria o Inglaterra los monumentos históricos reciben el reconocimiento que se merecen, pero en España cualquier cosa vale y se da por conforme. Más aún con la llegada de la digitalización.
«En España no se valora el arte, en otros países sí, pero en España no.».
Nos lo explicaba, así mismo con un sencillo ejemplo: En España se conoce a Miguel Ángel por pintar la Capilla Sixtina, pero en Italia se le conoce por esculpir El David; y eso es porque en España hay cultura de la pintura, no de la escultura.
Para realizar cualquier obra Salvador Amaya postula su arte, ya que las instituciones de Madrid, al igual que las de toda España, no invierten su presupuesto en financiar el arte y la escultura. Quizás sea por falta de creatividad o mero desinterés de sus autoridades, pero la realidad es que los escultores madrileños no ven ningún tipo de apoyo por parte de su nación. Se realizan esculturas en serie en manos de galeristas en Madrid, pero cuando llega el momento de proponer las ideas de los artistas, nunca son escuchados.
Salvador Amaya se inició en el arte siguiendo la imagen de su padre, también escultor, para adentrarse en este mundo; y fue él quien fundó su base artística. Posteriormente, se vio inspirado por otros grandes, como Juan de Ávalos, Arno Breker o Donatello y Bernini, mientras estudió el arte por sus propios medios, dejándose influenciar por el estilo de escultores del Neoclásico, Renacimiento y Barroco que se robaban su atención.
Escultores españoles como Benlliure, Aniceto Marinas o Agustín Querol fueron también modelos de inspiración para él. Nos relata como la escultura se enseña a base de copiar al ser humano y a los objetos que nos rodean; y como la escultura ha llegado a tal punto en el que la digitalización arrasa con la esencia de este arte.
La escultura debe llevar el alma de quien retrata y a su vez, de lo que quiere expresar. Sin embargo, en España, esto no se toma en serio. La gente no se toma el tiempo de visualizar o imaginar lo que hay detrás de cada obra.
La escultura representa un momento- nos aclara- y la gente tiene que ser capaz de ver más allá. Es un arte muy profundo…
El trabajo de un escultor tampoco es obra fácil. Se somete al cambio constante; y la capacidad de adaptación es una parte fundamental. Todas las esculturas parten de una base, normalmente bocetos o esbozos dibujados. “Yo (Salvador Amaya) he colaborado con el pintor Augusto Ferrer Dalmau, con él han surgido ideas; y yo las he desarrollado escultóricamente. Sin embargo, al ser artistas distintos, cuando se desarrolla la imagen de forma tridimensional, pasa igual que cuando inicio yo los bocetos; y es que la obra cambia, porque te tienes que adaptar a pesos o medidas que va necesitando la escultura.”.
Al esculpir se empieza con hierros y crucetas, a los que posteriormente se añade barro. Al no partir de una base pequeña para luego ampliarse, sino que parten de gran escala, las obras de Salvador Amaya no suelen seguir la imagen del boceto inicial.
“Cuando yo construyo la obra, al ser de gran formato, veo qué encaja mejor y de qué forma. A lo mejor un boceto puede representar una escultura sin giro o de una perspectiva concreta, que en la estatua final va a ser distinta; y mi trabajo como artista es conseguir que tenga solidez y belleza. A lo mejor no era la idea original y luego varía, pero el resultado final es lo que va a hacer que la escultura tenga alma.”.
Con un amor tan grande por el arte nos parecería evidente la decisión de dedicarse a ello de forma profesional, pero Salvador Amaya nos cuenta su versión. En la vida de una persona hay diferentes etapas. Primero se planteó unirse al ejército, ya que le gustaba y era lo que se le había inculcado por una parte de su familia. Sin embargo, por la otra se le había descubierto el mundo de arte, de una forma incierta que siempre había llamado su atención. Además de que creyó que podía hacer más por su país desde el mundo del arte, que desde el mundo de la milicia. A Salvador Amaya siempre le ha gustado reivindicar nuestra historia, fue así como encontró en el arte la posibilidad de dar a la historia la preservación y visibilidad que se merece.
Su próxima escultura, una representación de los Tercios, se encuentra en una fase avanzada, llegando ya a una de las figuras más complejas, el abanderado, que carga con una bandera que da una altura total de seis metros a la obra; y cuya figura sirve como unión a todo el conjunto escultórico. Además de tener una gran complejidad en las adaptaciones sobre el peso de la escultura, por lo que ha sufrido ya varias modificaciones. Al tener mucha altura y por tanto, mucha masa, necesita varios puntos de apoyo en las otras piezas de la escultura, ya que sería incapaz de sostenerse por sí sola en los tobillos del abanderado.
Salvador Amaya se vio inspirado a realizar esta obra por todo lo que representan los Tercios de Flandes en la historia militar española que quiere plasmar, ya que estos son la cuna de la infantería española.
«Son la cuna de la infantería española«.
La primera idea de esta obra surgió durante un desfile militar realizado en el Paseo de la Castellana, donde la asociación «31 enero Tercios» realizó una petición popular de una escultura como la que ahora está realizando ahora Salvador Amaya. Para ello, trabajó con su gran amigo, Augusto Ferrer Dalmau y el entonces JEMAD, Fernando Alejandre, además del general Muro, con quien mediante la creación de una suscripción popular, se ha conseguido avanzar el proyecto; y que si no hay impedimentos, estará culminado en 2025 para dar a la infantería española el homenaje que se merece.
A la última pregunta que le hicimos sobre la relación entre el arte como herramienta para preservar la historia, nos contestó que estas dos “van totalmente de la mano”. El arte en la cultura y las tradiciones de una nación son lo más importante. Sin arte no hay nada. Todo lo demás, los grandes descubrimientos, la ingeniería moderna… se va desfasando, todo eso se queda atrás… las construcciones se caen. Sin embargo, el arte es lo que mantiene a las civilizaciones y su legado; nos da una identidad y nos hace permanecer en la historia. Claro que van de la mano.
En definitiva, para el Hub y para mi como periodista ha sido un placer poder hacer una entrevista a un artista como Salvador Amaya, que nos ha transmitido su pasión por el arte y nos abre los ojos a nuevas perspectivas sobre cómo el arte nos afecta en el día a día, de formas en las que quizás no éramos conscientes. Seguramente, más de uno se pare ahora a analizar de forma distinta las esculturas en plazas y paseos, de hoy en adelante, por la intención de comunicar que hay en ellas; y que ahora podemos entender con más claridad. Porque ese aprendizaje es tan solo un poco, de lo que Salvador Amaya nos ha enseñado con sus palabras en esta entrevista; y por la que personalmente le agradezco.