Carmen Almandoz y Elena Pastor

Desde el pasado 29 de octubre la comunidad de Valencia sufre las terribles consecuencias de la DANA. Diversos pueblos de la zona fueron duramente golpeados, quedaron sin acceso a agua potable y electricidad durante días. La respuesta del pueblo español no se hizo esperar, y tanto organizaciones locales como voluntarios de otras regiones del país acudieron para ofrecer su ayuda. Entre estos voluntarios se encuentra un grupo de la Universidad CEU San Pablo, que viajó el pasado sábado para colaborar en distintas tareas de limpieza.
Carlos Gregorio, profesor de Historia en la universidad, y Conor O’Healaigh, estudiante de segundo año de historia, comparten sus vivencias en esta misión de ayuda, destacando no solo los desafíos que enfrentaron, sino también el espíritu solidario que transmitían los alumnos.
“Nuestro grupo estuvo formado casi por entero por alumnos de la USP CEU, testimoniando la entrega generosa de nuestros jóvenes”. No obstante, lo más sorprendente según nos relata el profesor fue las diversas nacionalidades de los alumnos, muchos de ellos a pesar de no ser españoles ofrecieron su día entero para ayudar en lo que pudieron. “Me llamó la atención los orígenes de cada uno: había chicos y chicas de Uruguay, Venezuela, Colombia, México, Arabia Saudí y de todos los puntos cardinales de España.”
Su destino fue Algemesí, un pueblo bastante grande cercano a Alzira. “Al llegar salimos a repartir lotes de comida y limpieza preparados por la parroquia de San José Obrero.”
Al haber pasado ya una semana desde las inundaciones los chicos creyeron que iban a encontrarse un escenario más bajo control, no obstante la realidad era muy diferente. Carlos expresa su preocupación ante el estancamiento de la situación humanitaria: “Me sorprendió que pasados tantos días de la DANA sigue quedando mucho por hacer, pues todavía hay casas vacías, garajes llenos de lodo, o coches totalmente inservibles. Falta maquinaria y, a pesar de haber muchos voluntarios como nosotros, está claro que con organización, gente más capacitada y el esfuerzo de las administraciones todo estaría muchísimo mejor a estas alturas.”
Según el testimonio recibido por el profesor, los vecinos tenían cubiertas sus necesidades básicas, sin embargo el verdadero problema es otro. “Cuando les preguntabas si querían algo y te ponías a su disposición, la respuesta era ‘tengo lo necesario y muchas gracias por vuestra ayuda’. Pero al preguntar cómo estás, ese mismo vecino se sobrecogía y nos estremecía a todos. La carencia más grande es a nivel emocional. Sanar esa herida requerirá mucho tiempo.”
«La carencia más grande es a nivel emocional. Sanar esa herida requerirá mucho tiempo.”
Otra gran experiencia es la de Conor, este estudiante no realizó el voluntariado con el programa de nuestra universidad, sino que estuvo allí toda una semana. Llegó a Paiporta el sábado 2 de noviembre de madrugada, apenas tres días después de la catástrofe y permaneció allí ocho días. Ha estado al pie del cañón desde el primer momento: “llegamos allí de madrugada, no estábamos todavía a 30 kilómetros de Valencia y ya había carreteras bloqueadas. Había coches apilados en la carretera y aun habiendo sido tan lejos la riada, era una escena desoladora. Cuando llegamos estaban los primeros tractores apartando escombros, así que todavía no había podido acceder nadie al centro de Paiporta. En ese momento aún era peligroso porque no había seguridad y se estaban asaltando locales y había que tener cuidado. Al llegar a Paiporta, lo primero que hicimos fue descargar los tres tráileres que llevábamos. Al principio no podía pasar ningún coche, así que estuvimos dos días retirando escombros para permitir el paso del camión. Después de eso tardamos una hora y media en meter el vehículo por una calle de 100 metros.”

“El recibimiento de los habitantes de Paiporta fue increíble. Allí no había más que solidaridad. Ibas a entregarle a un vecino un paquete de galletas y lo abrían para que la mitad del paquete te lo quedaras tú. Había gente que lo había perdido todo que se estaba volcando. Los que tenían negocios, aunque estuvieran absolutamente destrozados, estaban sacando de los locales todo lo que podían a la calle. Por ejemplo, si tenían unas sillas en la tienda las sacaban a la calle para que la gente se sentase y descansase un rato. Dentro de la destrucción y todo el problema que se estaba viviendo, la solidaridad del pueblo fue maravillosa. Nos acogieron como si fuéramos parte del pueblo: nos hacían la comida, nos daban agua cada vez que quisiéramos… Había un carrito de la compra que habían sacado de algún supermercado lleno de chuches, zumos y barritas energéticas para repartir entre los que estaban trabajando.
«Nos acogieron como si fuéramos parte del pueblo»
“Para dormir tuvimos que buscarnos la vida. Hemos dormido en todo tipo de sitios: alguna noche conseguimos un hotel, pero normalmente en polideportivos, en la casa de otros voluntarios… Incluso eché la siesta en el domicilio de una señora mayor que me invitó a quedarme. No teníamos nada organizado para dormir, simplemente era ver que se hacía de noche y buscar un sitio.”
Este voluntario nos cuenta la importancia de donar botas y ropa de trabajo: «Falta mucho material para proteger a los voluntarios y a la gente de la calle, que iba con zapatos normales y era muy peligroso. El lodo te llega por la rodilla y ahí dentro se estaba pudriendo todo: gasolina, químicos, comida, animales, y por desgracia, seres humanos. Además, todo estaba lleno de cristales que atravesaban los zapatos y los pies. Las mascarillas también eran esenciales. Por ejemplo, estuvimos en un local de bronceado en el que el agua había arrasado con todos los productos químicos que se usan para eso. Esos productos estaban cayendo al lodo y el olor era insoportable. Había momentos en los que no se podía respirar y había que salir a la calle: muy peligroso.”
Por último, nos aconseja unirnos a un grupo o institución con autorización para introducirse en las zonas damnificadas como es el caso del CEU, pues de lo contrario el esfuerzo habrá sido en vano: “Para hacer el voluntariado es muy importante la organización. Unirse a un grupo que tenga ya a gente allí y autorización para meterse en los pueblos. No se puede ir a lo loco, con gente que esté autorizada y sepa a dónde va a poder llegar.”
En contra de todos los prejuicios, los jóvenes han demostrado que tienen voluntad de servicio con su sacrificio.