Texto y maquetación: Ángela Taltavull
Fotografía: David Monreal
Estudió Periodismo, pero siempre ha estado especializada en el área de Historia. Al terminar la carrera, accedió al programa de Doctorado y su tesis fue sobre la prensa de la Segunda República, en concreto sobre el periodo del Frente Popular. Lleva veinticinco años trabajando como profesora en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación y es directora del Departamento de Humanidades de esta casa.
¿Cuántos años lleva trabajando en el CEU y cómo ha sido su experiencia en esta Institución?
Como profesora, voy a cumplir veinticinco, pero yo llegué a esta casa con diecisiete años, cuando todavía había COU. Mi hermana estaba estudiando Derecho en el CEU y mis padres siempre contemplaron esta universidad como la mejor formación que podrían darme. Mi experiencia como alumna fue estupenda, hice grandes amigos tanto en la carrera como durante mi estancia en el Colegio Mayor Roncalli. Quiero resaltar no solo la formación académica, sino también la humana, ya que tuve como docentes a los que ahora considero mis maestros y amigos.
Como docente, empecé primero con el doctorado y tuve la beca del CEU de Investigación y Docencia. Poco a poco fui consolidando mi carrera académica. Pero esforzándome mucho porque en esta vida uno crece «picando piedra» y trabajando en lo que le toca en cada momento. Esta casa me ha visto crecer y para mí ha sido una experiencia tremendamente positiva.
Además de su labor docente, es directora del Departamento de Humanidades de esta Facultad, lleva la gestión académica del programa de Doctorado en Humanidades, colabora en la sección de Historia del diario El Debate y es subdirectora de la revista Aportes de Historia Contemporánea. ¿Cuáles son los retos y las responsabilidades a los que tiene que hacer frente?
Como directora de Departamento mi misión es tratar de crear un clima agradable de trabajo donde todos mis compañeros se sientan cómodos y puedan desarrollarse, potenciar sus carreras investigadoras (aunque todos tienen un bagaje extraordinario y puedo presumir de Departamento), ajustar las docencias y por supuesto, aportar el conocimiento necesario a todos aquellos alumnos que se están formando con nosotros. Hacerlo lo mejor que se y ayudar a la Facultad. Los estudiantes y el profesorado tienen que ser nuestra prioridad.
También pienso que tiene que haber cierto liderazgo (o al menos intentar tenerlo) sobre todo con quienes vienen detrás, los más jóvenes. Ofrecerles nuestro apoyo de todas las maneras posibles para poder construir una buena cantera. Si cuidamos la cantera y la cantera responde, querrán los colores de la casa. ¡Igual que en el fútbol! En la dirección del Departamento, eso debe ser una prioridad.
Y en el ámbito periodístico, en mi opinión se puede hacer una alta divulgación de la historia. El Debate debe apostar (y lo está haciendo) porque sus redactores y colaboradores cuenten con una buena base humanística y sepan producir piezas agradables pero comprensibles para un lector generalista que no tiene por qué ser un especialista en Historia. El que escribe tiene que saber de qué está hablando. De ahí la importancia de las competencias que se adquieren en Grados como el de Humanidades o Periodismo.

¿Qué le recomienda a los universitarios?
Lo primero, que sepan que las carreras humanísticas, son carreras de fondo. En esta profesión cuando empiezas a saber de qué va el asunto, es justo cuando estás a punto de jubilarte. Entonces, teniendo esa premisa, lo que tienen que hacer es una formación en tiempos largos. Sin prisas. Por lo tanto, que lean mucho (aunque sé que esto choca con la cabeza de las nuevas generaciones ya que lo que buscan es la inmediatez) y que dediquen una parte de su tiempo a pensar y reflexionar porque son dos aspectos clave en las Humanidades.
¿Es posible compatibilizar vida personal y vida profesional?
Bueno, requiere mucho sacrificio y mucha renuncia en un sentido circular, es decir, hay muchas etapas en la vida y cada una de ellas es diferente al resto. En mi caso particular, yo tengo dos hijas, que cuando fueron pequeñas, requirieron por mi parte mayor presencia física y mi carrera profesional en ese momento tuvo un ritmo más lento. Y después, te encuentras con que ya no es tan necesaria esa presencia, aunque si el diálogo, saber escuchar y tratar de comprender sus preocupaciones. Pero esto te permite tener una dedicación de mayor tiempo a tu profesión, en mi caso a la Universidad. Como mujer creo que se puede hablar solo de una conciliación o de un «femininismo» (que conste que no me gusta nada esa palabra) intentando dar ejemplo con trabajo y esfuerzo constante. “Predicar con el ejemplo”, lo que además es muy evangélico. Pero al final, todo merece la pena, porque tanto mis hijas como mi trabajo me han dado grandes satisfacciones.
¿Se considera usted una mujer «empoderada»?
La verdad es que me desagrada ese término; yo en lo que creo es en el talento. Masculino y femenino. Hay mujeres estupendas, pero también son estupendos muchísimos hombres. El nuevo lenguaje que se ha ido implementando en los últimos años me horroriza y me parece que las primeras perjudicadas somos las mujeres. Hay que demostrar andando y trabajando y eso es lo que debemos hacer.

¿Alguna experiencia para recordar durante su vida académica y/o profesional? ¿Quizá el nombramiento Honoris Causa a su Majestad la Reina doña Sofía?
Fue un gran honor, desde luego y siempre estaré agradecida al equipo rectoral por haber pensado en mí para ocuparme de su estancia en la Universidad antes y después del acto académico. Yo trabajo temas de dinastías y realeza y tener un encuentro tan personal y cercano con su Majestad la Reina doña Sofia es algo que recordaré siempre y que cuando sea viejecita podré contar a mis nietos. “Yo vestí y desvestí a la Reina”, con el traje académico por supuesto (risas). Lógicamente es una reina y mantiene el rol de reina, que es lo que tiene que ser. Fue muy agradable y lo disfruté muchísimo.
Y para terminar, una película, un libro, un personaje histórico y una frase…
Yo soy una clásica… De película te diría Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago, Casablanca o El Gatopardo, me encantan. Como ves, todas comparten un estilo. De libros me quedo con la novela de un paisano mío, ferrolano, Torrente Ballester, Los gozos y las sombras. Pero me gusta mucho Baroja, los relatos de Camba, de Chaves Nogales… aunque también autores extranjeros como Jane Austen, Zweig, Dickens, Victor Hugo o Roth. Si tuviese que elegir a un personaje histórico, sin duda sería Jesucristo, Él es el que ha cambiado la historia de la humanidad, al menos para nuestra cultura occidental y cristiana. Y la frase la tengo clarísima: voluntad, disciplina y éxito.